El Sistema Solar se formó hace aproximadamente 4.600 millones de años, a través de una larga serie de procesos que actualmente tiene a los planetas girando alrededor de nuestro Sol en forma estable. La evolución que debieron sufrir el Sol y los planetas se remonta a una nube de gas primordial compuesta en 75% de Hidrógeno y 25% de helio, la cual progresivamente fue acumulándose y condensándose por acción de la gravedad, y formando grandes cantidades de masa con centros definidos. Los planetas gaseosos y el Sol se formaron de esta manera, aunque únicamente éste último logró convertirse en la estrella que hoy conocemos.
Fue el cuerpo que acumuló más energía y tuvo la energía suficiente para iniciar las reacciones de fusión nuclear, las cuales lo hacen brillar y mantenerse a grandes temperaturas. Los planetas rocosos, por otra parte, se formaron por la acumulación de pequeños cuerpos llamados planetesimales, los cuales por acción de gravedad lograron convertirse en los planetas sólidos que hoy conocemos, mientras que otros no lograron tal evolución y simplemente quedaron como asteroides vagando por el espacio, tal como los que conocemos en la actualidad.





